La La Land

Es significativo el hecho de que hace ya casi un año que no ponía nada en este blog. Y más significativo que fuera una entrada sobre Carol la última antes de ésta. Y es que consideré que era una película sobre la que se merecía reflexionar en voz alta, como ahora considero que sea La La Land la que me motive esa necesidad.

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Decir, de entrada, que el desmesurado despliegue publicitario sobre la película le ha perjudicado mucho, sobre todo cuanto más pasan los días. Se lleva oyendo hablar desde el Festival de Venecia, y previo al estreno la maquinaria mediática americana pre-Trump lanzó toda su artillería. Eso viene muy bien a las arcas de la industria, pero ha provocado un rechazo-postureo por una parte del público: por un lado a aquel que no quiere ser mainstream, y por otro al que va con las expectativas demasiado altas. Lo siento por ellos. Yo tuve la suerte de ir a verla en su estreno, ya que cuanto más tiempo pase más rechazo y desilusión provoca (hasta que las aguas se calmen y haya la perspectiva del tiempo).

Creo que he comentado alguna vez, aquí o entre amigos, que para mí el cine es una búsqueda constante de esa sensación de magia que me provocaba cuando me llevaban a ver pelis Disney en mi infancia (de reestreno, que uno es mayor pero no tanto), y luego ya en una segunda etapa que va desde el recuerdo de la magia en un cine de La Guerra de Las Galaxias a esa maravillosa oportunidad, que ya los jóvenes no tienen, de ver cine clásico americano en los ciclos de la 2. Allí descubrí a La Fiera de mi Niña, a Eva al Desnudo, a El Crepúsculo de los Dioses, a Cantando bajo la Lluvia, o menos populares como Medianoche… (me he enterado con los años que algunas de ellas gracias a Don Julio Peñas) Desde entonces esa sensación se escapa casi siempre de entre los dedos al entrar en una sala. Hay películas buenas, por supuesto, pero rara vez se produce. Y no va en que sea obra maestra o no. Eso se lo dejo a los sesudos críticos y analistas de cine. Hablo de sensaciones y perdurabilidad.

La sensación de la que hablo, de magia, no se había producido en este siglo. La última que recuerdo tal vez sea cuando fui a ver El Paciente Inglés (buena demostración de que no tiene que ser una película perfecta). De ahí que recibiera con sorpresa el disfrute que supuso esta historia simple, con actores que no cantan muy bien ni saben bailar, sobre un homenaje (que no plagio) al cine musical. No hay grandes números espectaculares ni fanfarrias. No agradará a los seguidores de Mamma Mía ni Mouline Rouge, no es un videoclip o un karaoke de dos horas. Es simplemente cine. Con planos largos, donde los actores bailan y se les sigue y se les ve con sus defectos y aciertos. Consciente de que todo en el musical está ya inventado, se llena de guiños y homenajes a obras hoy consideradas maestras, pero que seguro en su momento fueron hechas como un entretenimiento más. Y es que eso es lo que es el cine: entretenimiento y magia.LLL d 09 _1798.NEF

Claro que todo esto no sería posible sin una dirección inspirada. Sin unos actores con tremenda química que suplan sus defectos. Ryan Gosling hace sobre todo de él mismo, pero su mirada sarcástica preguntándose que hace él bailando le da encanto (aunque nos haga cuestionarnos si ya no es capaz de das más de sí que el papel que repite siempre). Y Emma Stone, un poco más afinada, despliega sus armas erigiéndose como la auténtica joya de la película. Por lo demás una música que no puedes quitarte de la cabeza aunque sea pausada y sencilla, un montaje clásico y reposado, una fotografía evocadora… ¿que hay trampas en el guión? ¿Que igual con cantantes y bailarines hubiera quedado más aparente? Quien sabe. Pero no debemos olvidar que el cine musical es sobre todo eso: fantasía.

Y toda esta parrafada para decir simplemente que había magia. Y eso es lo que pretendía el director, y por eso se evoca una y otra vez en la película el mensaje de que está dedicada a los que sueñan, a los perdedores o a los que triunfan. Y si no eres capaz de absorber su propuesta no hay nada que razonar: será una ñoña, tonta, y torpemente bailada y cantada película más, y encima musical, con lo que se detestan. Luego ya lo de los premios, oscars, grandes frases y demás es una cuestión publicitaria. Divertido de jugar. Sin Más.

Lo siento por las pelis que voy a ver de ahora en adelante durante una temporada. Quedará un poso de desilusión por muy entretenidas que sean…

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