Blue Jasmine

Hace mucho que no pongo una entrada, y aunque he visto alguna película en este tiempo, he preferido olvidarlas a escribir sobre ellas. La Vida de Adele porque me parecen tres horas de pedantería vestida de lesbianismos para esconder que esa historia con tintes heterosexuales hubiera aburrido hasta un muerto y es carne de pedante jurado de festivales para pedantes. Y Don Jon, porque, a pesar de ser un simpático intento de llevar a una actualización de Tony Manero, acaba agotándose en su propio discurso. Así que retomemos la excelente calidad cinematográfica que llevábamos esta temporada tras el verano.

Blue Jasmine. Los ricos también lloran. Parece que ésta es la máxima que Woody Allen se empeña una y otra vez en hacernos creer. Entre hoteles de lujo, joyas, cenas y vinos nos suele ir desgranando los dramas de grandes damas preocupadas por las buenas maneras y señores de negocios ocupadísimos. Y si no es así serán intelectuales bohemios que discuten sobre alta literatura en reuniones despreocupadas sobre los aconteceres del vulgo. Cada uno escribe sobre lo que conoce.

jasmineEn esta ocasión nos quiere hacer creer que un alto señor de las financias, después de arruinar y engañar a todo el mundo acaba siendo detenido por el FBI y todos sus bienes desaparecen de la noche a la mañana…igual que lo que hemos visto entre los que nos han arruinado a todos en las pasadas crisis o entre los banqueros y directivos españoles. Recientemente hemos visto en el programa Estrella Invitada de Canal Plus España Estrella Invitada Blue Jasmine una entrevista al director donde comentaba cuanto le sorprende que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres más pobres sobre todo teniendo en cuenta que Estados Unidos es la mayor democracia del mundo. Cosas de vivir en su burbuja.

 Pero bueno, esto es una película de ficción y partiendo de tomar como reales ciertas premisas, la historia se centra en qué le pasa a la mujer florero de ese ejecutivo, quien en su momento deja toda su vida para centrarse en dar las mejores fiestas de Nueva York, las mejores cenas entre sus amigos, y en lucir como nadie las joyas con las que su marido adorna su trofeo. Ella, venida de la nada, acaba en la nada. Y tiene que irse a vivir con su hermana pobretona y vulgar. Hasta su pasado de hermanas adoptadas hace que tantos sus reacciones o su destino sean libros abiertos a cualquier posibilidad. Un drama.

De todo esto saca Woody Allen una película absorbente, que aunque en determinados momentos parece que se va a atascar en el recuerdo del pasado, las pequeñas gotas de realidad que va brindando su director nos lleva al conocimiento de un personaje deleznable y compadecible a la vez, una Jasmine adoptada, con una extraña personalidad que compone como nadie Cate Blanchett. Y es que desde luego ni la película ni el personaje sería lo mismo sin ella, y sobre ella cuelga todo el peso del éxito de la película. Porque si bien Alec Baldwin, Sally Hawkins (sobre todo) y el resto de los actores cumplen a la perfección, es la mujer que se apoya en el vodka y las pastillas la que representa el fin del sueño de días de gloria que la crisis mostró tal como era. La Blanchett, magnífica, es capaz incluso de arrancarnos alguna sonrisa en su desgracia, y esa muestra de que no todo es posible, de que no siempre podemos superarnos y volver a subir, de que a veces es mejor resignarse a caer en la locura, es un discurso pesimista poco común en el mundo del cine, y menos hollywoodiense. Tal vez por eso esta película tenía que volver a sus orígenes, al país de la eterna democracia y del sueño americano, para que el golpe sea más fuerte. En Europa no hubiera tendido el mismo impacto, donde existe hasta cierta poética del perdedor. Pero en EEUU no, siempre hay que levantarse y volver a demostrar que solo con querer el sueño está ahí, y si vives como los 40 millones de norteamericanos sin seguridad social tú, y sólo tú eres el culpable de tu destino.

Por eso, la escena final, que no desgranaré aquí, tiene un alto significado en Estados Unidos, en California, en San Francisco. Y un oscar para Cate Blanchett ya.

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