Las Brujas de Zugarramurdi

Si algo define a Alex de la Iglesia es el exceso. Y no creo estar descubriendo nada nuevo. No me lo imagino haciendo una película intimista, quien sabe. El director vasco vuelve a sus constantes en Las Brujas de Zugarramurdi, aunque esta vez sin tejados de edificios madrileños en su apoteosis final.

 La trayectoria de Alex de la Iglesia se puede definir por su irregularidad, donde de entrada ofrece más de lo que uno se encuentra después. Sobre el papel sus películas suenan estupendas. Los trailers y la publicidad prometen mucho, pero luego te quedas delante de la pantalla con un extraño sabor de boca a: “sí, vale, pero…”. Sin embargo hay que reconocerle que es de los directores españoles que más tiempo llevan en primera fila actualmente. Tal vez es que la sombra de El Día de la Bestia es muy alargada.

Las_brujas_de_Zugarramurdi_poster1 Las Brujas de Zugarramurdi tienen un comienzo de infarto. Sus primeros 45 minutos son fantásticos. De manual. Un disfrute de estrés donde la acción y el humor no abandonan, haciendo las delicias del espectador. El dúo Mario Casas y Hugo Silva funcionan como las mejores parejas del cine, y los personajes que se van añadiendo, desde “ese señor que va a Badajoz” y el hijo de Hugo Silva, hasta el taxista Jaime Ordoñez hacen el contrapunto perfecto. Una delicia. Sólo por esta primera parte vale la pena la película, donde ya se van dando los apuntes de otra pareja constituida por Secun de la Rosa y Pepón Nieto. Una primera hora en estado de gracia.

 Luego, una vez llegados a Zugarramurdi el ritmo decae, la cinta transcurre a marchas algo forzadas y se pierde el sentido del tempo. No está mal, pero perdemos la progresión continua, el progreso de la acción. Carmen Maura, Terele Pávez y Carolina Bang hacen lo que pueden en un guión que se nota que necesitaba ser pulido en sus personajes. Se alargan innecesariamente las situaciones, que ya han quedado posicionadas y entendidas, y tarda en llegar la apoteosis final, la cual a su vez sufre un lastre de discursos y recreación. Menos mal que ahí están los policías, o las episódicas apariciones de “esas brujas señoras del PNV” encarnadas por Carlos Areces y Santiago Segura para devolvernos a la comedia de replicas que funcionó tan bien en la primera parte.

 La idea de establecer la brujería como una lucha de sexos le da un punto de vista divertido y original a la que por otro lado hubiera sido “una más de brujas”. Ponerlos a ellos como marionetas en manos de mujeres, y a ellas como las que deciden en cada momento lo que hay que hacer y con quien, se burla de los patrones sexistas al uso en el cine sin caer en el agotador discurso reivindicativo. Y es que sólo quiere divertir.

 Estupendo los actores. Sobre todo el trío de Hugo Silva, Jaime Ordóñez (actor por fin que se le da una oportunidad de desencasillarse del gracioso de telecomedia) y especialmente Mario Casas, que desde Grupo 7 no hace sino crecer. Tan poco amigo que soy de la joven generación salida de la televisión adolescente española, a los que me cuesta a veces hasta entender lo que dicen, creo que este actor se ha graduado ya entre los versátiles capaces de afrontar cualquier papel. Estupendo en su rol de ingenuo atracador.

 Llena de guiños a la cultura vasca (la Mari, la madre tierra, la Gargantúa), de los cuales se me escaparán la mayoría, Las Burjas, comedia con traca final típica de Alex de la Iglesia, acaba cojeando en lo que me parece que hacen todas sus películas: falta la mano de un ¿guionista? ¿productor? que sea capaz de limitar los excesos emocionales del director y le de un toque de atención cuando el disfrute personal haga que la película se le vaya de las manos. Nadie es perfecto, pero al menos nos ha dado su mejor trilogía con El Día de la Bestia y La Comunidad. O tal vez la mejor de todas hasta la fecha. Cuestión de gustos.

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2 respuestas a Las Brujas de Zugarramurdi

  1. Grrrrrrrrr. Qué me está pasando que estoy muy de acuerdo últimamente con sus comentarios. Yo también creo que falla el guión. Necesita que alguien les ayude a depurarlo. Es como si estuvieran tan convencidos de que están haciendo una genialidad que pasan de los retoques imprescindibles para que les salga un resultado redondo. Echo en falta más intervenciones de esas señoras vascas que están pidiendo a gritos un spin-off y de la pareja de polis, grandes secundarios como los que pudieran aparecer en los tebeos de Ibáñez o en una peli de maestro Berlanga.

    Lo de la misoginia vamos a dejarlo aparte aunque, quizás, tendría que hacérselo mirar. Besotes desde la península.

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