Lincoln

Las modas en el cine son como en cualquier otro ámbito: todas son  definitivas, hay que seguirlas si quieres que las modernas no te miren por encima del hombro, usarlas y seguirlas aunque no vengan a cuento y, aunque ellas se resistan a pensarlo, pasajeras.  Si sigues una moda muy reciente eres antiguo y hortera. Si sigues una moda más lejana, vintage. Y si sigues modos tradicionales y espartanos, clásico.

Lincoln_2012_Teaser_PosterEsto viene a cuento a que me he dado cuenta viendo Lincoln la de pesados que nos tenemos que tragar últimamente con la moda de que la cámara esté balanceándose todo el tiempo y que los planos se repitan rápidamente sin darte tiempo a que tu retina asuma lo que ve. Que soy un tremendista y un exagerado, dirán algunos. Según se desprende de algunos estudios, a finales de la primera década del siglo XXI, la media de la duración de los planos de las películas de Hollywood ha disminuido en un 10%, pasando de 5,15 a 4,75 segundos. Dado que la mayor parte de los espectadores tardan aproximadamente 3 segundos en habituarse a cada nueva imagen, se están viendo obligados a responder a nivel emocional en lugar de a un nivel intelectual a estos montajes rápidos que apenas permiten una apreciación den trabajo artístico del reparto y del equipo técnico. Si a esto añadimos el comentado efecto bamboleo de la cámara, la experiencia puede ser a veces frustrante.

Me viene a la memoria el movimiento de cámara bamboleante de Los Miserables, o los planos rápidos de cámaras epilépticas de la mayor parte del cine de acción y superhéroes actual, donde una buena coreografía de una pelea se sustituye por la emoción del público (adolescente mayoritariamente) en vez de por el disfrute de la secuencia en sí. Llámeme viejo.

Todo esto ilustra justo lo contrario a Lincoln, ya que podemos considerar a Spielberg un director absolutamente clásico en sus películas. Las escenas se dejan respirar, los diálogos no se mecen en una cámara borracha, y cuenta la historia basándose en el trabajo de los actores  y en la efectividad de la cámara para mostrar un mensaje. Esto tiene una contrapartida: Spielberg ha envejecido mal para las nuevas generaciones, y tal vez ya no tiene entre estos el tirón de un J.J. Abrams, por poner un director de moda. Pero el tiempo pondrá a cada uno en su lugar.

Dicho todo esto es obvio que comprendo que la academia nomine a Lincoln a tantos premios. Pero también Spielberg tiene una serie de características muy de directores de su generación que hace que hoy en día me dé mucha pereza una película suya. En primer lugar la necesidad de creerse que está haciendo historia en cada plano y en cada diálogo. En segundo, el infantilismo emocional que intenta imprimir a sus propuestas remarcadas por músicas “JohnWilliamianas” épicas. Y en tercero, el ser tan amigo de esa máxima del cine de hoy donde para estar haciendo una gran película ha de durar mucho. Si a todo esto añadimos que es un director muy muy estadounidense en su temática, provoca cierto cansancio en sus temáticas y propuestas. Es verdad que los actores están estupendos, que entiendo el previsible premio a Daniel Day-Lewis y las nominaciones de Sally Field y Tommy Lee Jones, pero…

Otra cosa es la oportunidad de la película como propuesta de debate sobre la situación actual. La  película presenta como a veces los medios se justifican para la consecución de objetivos más nobles o considerados más importantes. Lo triste es que hoy en día los medios no son para lograr objetivos morales o ideológicos, sino para el enriquecimiento personal de las clases dominantes (políticas y económicas). En este sentido Lincoln podría ser un reflejo de otra época que no sabemos si retornará algún día. Si juntamos esta película con Zero Dark Thirty y el uso de torturas para la resolución de un conflicto, tenemos un buen debate moral, por lo que tal vez estos aspectos han primado a la hora de las alabanzas más que simples criterios cinematográficos.

Todo este rollo es para explicar porqué reconociendo a Spielberg como un gran director clásico, un as del uso de la cámara y del conocimiento del cine, sus películas de las últimas dos décadas, hasta las mejores, me cansan y provocan en mí una pereza tremenda a ir al cine a verlo, a pesar de agradecerle el que no me de dolor de cabeza como la cámara de Tom Hooper en Les Miserables, o me presente un videoclip de escenas rápidas como un Los Vengadores. Tal vez, sólo tal vez, el problema podría ser en que es un director demasiado perfecto, y le falta una implicación emocional real, no estudiada, en sus obras.

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4 respuestas a Lincoln

  1. En definitiva, que te has aburrido viendo Lincoln

  2. Como dice @Anhoret sobre El Cuarteto “..y dura una hora media como las pelis de verdad. Habrá que verla”

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