The Artist

Está claro que cuando se ama lo que se cuenta el relato siempre sale mucho mejor. Por eso hay tantas películas sobre el cine tan maravillosas. No hace falta mencionar Sunset Boulevard (EL Crepúsculo de los Dioses) o Cantando bajo la lluvia para saber de qué estoy hablando.

Por otro lado. ¿Cuántas versiones llevamos de Ha Nacido una Estrella? No voy a hacer repaso ahora, pero a todos nos viene a la mente Judy Garland. Si mezclamos ambos ingredientes, amor por el cine, valentía y riesgo, tal vez nos salga una película como The Artist… o no, que nunca sabemos a qué se debe esa chispa que surge de vez en cuando y nos regala una obra maravillosa. Decir maestra puede ser arriesgado y excesivo, pero tal vez limitarnos a que ha nacido un clásico no sea tan arriesgado.

Los franceses siempre han sido cinematográficamente hablando más americanos que los propios americanos. Ellos descubrieron autores en los artesanos del cine clásico de Hollywood, y hay quien dice que a ellos se debe su redescubrimiento en los años 60s. Por eso no es extraño que hayan sido los propios franceses los que hayan tenido que venir a recordar al cine norteamericano cual es su esencia, la magia, que en los últimos años parece perdida entre explosiones, 3D, estrellas recauchutadas e infantilismo extremo. Les han dicho: señores, vayan al origen, porque la gente iba en masa a sus películas porque ofrecían eso: magia. A ver si toman nota.

The Artist es una película muda y en blanco y negro para hablar justo de la transición hacia el cine sonoro y las consecuencias que trajeron en la industria, donde actores como Douglas Fairbanks (en quien se dice se inspira el personaje protagonista) se fueron apagando mientras otras estrellas nacían, más capacitadas para el nuevo medio. Una película así es un riesgo, sobre todo si no se cuenta con los actores adecuados para expresar todos los registros del mudo sin caer en lo ridículo. Tanto John Goodman , James Cromwell , como Bérénice Bejo están fantásticos, pero es Jean Dujardin, a quien yo desconocía, quien convierte en mágica la película, llevándonos de la risa al drama y viceversa con una soltura digna de los más grandes. Hace de héroe antiguo de cine mudo como si de una película de los años 20 hubiera salido. Empatizamos con él desde la primera secuencia, y vamos pasando por su tragedia griega sin poder respirar por si nuestro aliento corta el silencio que llena la sala.

En fin, para no extenderme más, que últimamente me quejo de la apatía con la que voy al cine y salgo de él, donde supuestas grandes películas me dejan un regusto de vale, pero ¿y qué? (Véase recientemente Tintín y el Spielberg que va perdiendo fuelle). Pero entrar en una sala a disfruta de The Artist ya me vale por toda la temporada, y aunque habrá a quien no le guste, no se puede negar que ha nacido un clásico, se lleve oscars o no.

Por cierto: como me recuerda la caracterización de los protagonistas a Gene Kelly y Leslie Caron.

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4 respuestas a The Artist

  1. angel dijo:

    Corre el peligro de morir de éxito en manos de los mercaderes. Saludos

  2. Carlos dijo:

    Totalmente de acuerdo. A mí la rubia de las primeras escenas que sale a saludar tras el estreno me recuerda tanto a Lina Lamont…

  3. Miriam dijo:

    Me encantó, creo que es eso que dices, que parece un héeroe de cine mudo de verdad 😉

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