ZERO nº 77- 2005

Corría el año 2005. Ya parece que fue hace un milenio. Y no queda tan lejos. El año había empezado con la catástrofe del Tsunami en la mañana del 26 de diciembre de 2004. Es el regalo que había traído el niño ese de los cristianos. ¿Qué pasa? ¿Qué cuando es bueno le dan gracias y cuando es malo no se le puede echar la culpa? La fecha incita a ello.

Luego siguió con el rechazo del Plan Ibarretxe (quien lo diría hoy a la vista de cómo van los acontecimientos allá arriba); había follones (y los hay, imagino) por Chechenia y seguían como siguen peleando contra la piratería y las descargas ilegales.

Por esos días se aprobó la Ley de Reproducción Asistida, un primer paso de los rojos, luego ya agrandado por la aprobación a trámite a final de año del Estatut de Catraluña. Pero antes, había ocurrido lo peor. El fin de los días, el Apocalipsis de Nostradamus: el 30 de junio de 2005 se aprobó la ley que modificaba el código civil y permitía el matrimonio entre personas del mismo sexo (y, como consecuencia de esto, otros derechos como la adopción conjunta, herencia y pensión). La ley fue publicada el 2 de julio de 2005, y el matrimonio entre personas del mismo sexo fue oficialmente legal en España el 3 de julio de 2005.

Todos los progresistas lo celebraban, sobre todo, claro, la comunidad LGTB. Se leía que dos de cada tres apoyaban el matrimonio entre personas del mismo sexo según el CIS y eso legitimaba el valiente paso adelante que tomó el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

La oposición, por supuesto, echó mano de mil argumentos para justificar su posicionamiento en contra. Saltaron a la palestra elementos tan folclóricos como el pasajeramente famoso Aquilino Polaino, psicólogo llamado a la palestra por el Senado del PP para justificar su “ciencia” de la homofobia, como décadas atrás se había usado para justificar el papel secundario de la mujer.

Rouco y sus obispos clamaban al cielo, el Foro de la Familia y sus manifestaciones, las peras y manzanas de Dña. Ana Botella. Todo, todo eso nos suena lejano, ¿verdad? Pues ya verán como pronto serán actualidad. Tras su aprobación, el Partido Popular presentó un recurso contra la ley en el Tribunal Constitucional, que sigue sin resolverse en 2011. Llegará ese día, y con seguridad estará Rajoy, y todos a los que les debe mil favores estarán mirando.

En fin, ¿Qué a que viene todo esto? Pues allá por ese año 2005, y con motivo de la celebración y aprobación de la Ley de Matrimonio homosexual, la extinta revista ZERO, sacaba en su portada una foto del presidente Zapatero y contenía en su interior una entrevista con el mismo. Un presidente entrevistado por una revista LGTB. ¡Lo que había que leer! No solía comprar dicha revista. Se la criticaba por muchos motivos, sobre todo sus contenidos banales, pero supuso una revolución en la forma de visualizar el mundo homosexual en la España hipócrita de haz lo que quieras mientras no lo digas en alto. Pero ese número, el 77 de 2005 lo compré. Y es más. Lo guardé en mi mesilla de noche.

¿Porqué? Porque sabía que un día no muy lejano, a ese presidente, D. José Luis Rodríguez Zapatero, se le diría de todo por uno u otro motivo. Aún vivíamos en la burbuja de creernos ricos y codearnos con los grandes de Europa. Aún no había crisis y el ladrillo crecía por todos lados. Aún se me miraba raro por comprarme un pisito baratito pudiendo pedir una macrohipoteca como hacía todo el mundo para gastarse millones de vértigo en pisazos, adosados, acosados, apartamentos y dios sabe en qué más acompañados de dinero extra para reformas, coches, y la verdad que he perdido la cuenta de en que más se lo gastaban todos. En esos días, claro, todo era de color de rosa si no fuera porque gobernaba un señor que venía a joder la pavana dando derechos a los últimos que seguían discriminados por el estado en esta sociedad.

Así que pillé mi revista, la metí en el cajón, y esperé hasta hoy para sacarla. Ahora que se le culpa con o sin razón de todos los males del mundo. Se le esconde en campaña electoral para ver si así la cosa va mejor. Se glorifica a los salvadores neoliberales y a los señores de Goldman Sachs, a los que se les va poniendo de “gestores” o como se les llama ahora “tecnócratas” de países para aplicar las políticas que siempre han querido (creo que antes se les llamaban dictadores, aunque fueran supuestamente temporales).

En fin, para no liarme. Como ya sabía que llegaría el día en que estuviera mal visto darle las gracias a este señor por algo, pues yo, que aunque en el futuro pueda tenerlo de momento no tengo especial interés por las leyes de igualdad que aprobó, saco ahora ese número de la revista, ya histórico, para mostrarlo y recordar a todos los que ayer lo glorificaban y hoy reniegan. Ya sé que la mayoría no están en estas filas, pero cuanto menos muchos de ellos se quedaron en casa el 20N y ni siquiera eligieron una opción para votar. Y de paso recordar que todo no está ganado. Hay un recurso en espera y hay una presión sobre el nuevo presidente. Ya la Iglesia, y D. Rouco Varela se han puesto a “disposición” del nuevo gobierno para “ayudar”. No olvidemos que en el pasado debate electoral D. Mariano Rajoy ya hablaba con sumo interés sobre las Diputaciones Provinciales cuando su oponente le preguntaba por el espinoso tema que nos atañe. Muchas Diputaciones vamos a tragar.

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