Despedidas

 
 Había que ver porqué Despedidas arrebató el Oscar a obras como La Clase o Vals con Bashir, y después de verla es compensible. Despedidas es una muy estimable película con un tema muy original, no por su argumento en sí, sino por como está tratado. El tema de la muerte, de un violonchelista convertido en embalsamador accidental no tendría tanto interés si no fuera por el fino humor con que está plantado en casi todo su metraje, rozando a veces el absurdo y gestos del teatro Kabuki. Claro que ello es posible gracias a su protagonista, el aquí fabuloso Masahiro Motoki, que lleva sobre sus hombros toda la progresión de la película, siendo su sentido cómico impresionante. Sin embargo, todas estas alabanzas se difuminan según se acerca el final, y su última media hora es lo que explica el Oscar. Cambia de registro por una sensiblería que tanto gusta en Hollywood, perdiendo ese ritmo y esa magistralidad por algo tramposo y fácil para ganarse el espectador. Una pena.
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