Retorno a Hansala

 

 

 En el cine español hay unos tópicos no siempre falsos, léase: Si es española es aburrida. Si es española no va ni dios. Si es española o es una chorrada o es pretenciosa. Y si es española y se estrena o es de Amenábar o es de Almodóvar.

 

 En sitios como Madrid o Barcelona se olvidan que las recaudaciones de cine no se hacen sólo en la Gran Vía o en las Ramblas, sino que los auténticos éxitos se hacen en los centros comerciales de ciudades medianas de toda España. Y ahí no se estrenan sino un par de pelis nacionales al año. Así que jamás entenderé cuando leo que se hacen más de un centenar de películas españolas al año. ¿Pero donde están? ¿No valdría más que las subvenciones en vez de tirarse en obras que no van ni a la estantería del videoclub siquiera, se fueran a la publicidad de las que se hagan?. Así habrían menos pelis, sí, pero las que se harían se darían a conocer, y tal vez, sólo tal vez, así se conseguirían estrenar. Luego como público se podría juzgar si es buena o mala.

 

 Todo esto viene a cuento que ayer fui a ver Retorno a Hansala. Al llegar al cine dudé entre ésta o La Vida Secreta de las Abejas, y finalmente me decidí por la española porque de seguro tendría menos oportunidades de verla en el futuro y su paso por las salas sería más efímero. En la sala: una pareja y un servidor, mientras en la adyacente, hordas de señoronas de laca de peluquería con sus mejores galas llenaban "la última de Almodóvar".

 

 En primer lugar decir que el tema de una película española sobre emigrantes asusta un poco esperando tópicos simplistas de proges compadeciéndose de los pobrecitos delante de una copa de su último vino descubierto en las revistas de El País. Ya hemos tenido ejemplos de esos bienintencionados. Pero nada más lejos de la realidad. Aunque nos encontramos con José Luis García Pérez como hilo conductor del viaje (y hay que decir que este pedazo actor está infrautilizado, él y su portentota voz), el verdadero protagonista de la película es ese pueblo, en este caso marroquí, que oye la radio española y lleva camiseta del Real Madrid en lugares donde no hay medios para asfaltar los apenas 9 kilómetros que los separa de la civilización.

 

 Una película sobre el después de la muerte de la patera, de los que se quedan, de los que no aprenden de lo ocurrido o no quieren aprender porque, simplemente, no tienen nada que perder. Sensible retrato de otras vidas cercanas y tan lejanas, que en momentos como el entierro parecen casi un documental de Vidas Anónimas, y te hace saltar las lágrimas en algún otro ante un reflejo de lo que sientes como verdad.

 

 La película tendrá sus fallos, pero cuando algo se hace creyendo en ello, eso supera todas las limitaciones técnicas o cinematográficas. Y lo que es más importante: es una pena que finalmente no la vea ni dios, porque debería ser de obligada visión en colegios e institutos en vez de estar todo el día haciendo peleas, gastos y esfuerzos tontos con imágenes de linces o similares. Pero es el país y la enseñanza que queremos.

 

Nota: me he ido más de una vez por los cerros de Úbeda, pero ¿una buena película no es la que además de entretenerte te hace ver múltiples ramificaciones a los problemas que plantea?

Anuncios
Esta entrada fue publicada en CINE. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s