Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa II (PERÚ-BOLVIA V)

 

Como decíamos anteriormente… corríamos para conseguir albergue en Laguna Colorada, pero ello no impidió una parada para ver el volcán activo de Ollague con sus fumarolas, o el desierto de Siloli con el llamado árbol de Dalí, formación rocosa provocada por la acción de la erosión sobre la roca.

 

            Tampoco iba a impedir, por supuesto, una parada para admirar laguna Colorada, paisaje único donde se une el rojo de la laguna con el blanco de los depósitos de sales, todo salpicado por minúsculos puntos rosas de los flamencos. Espectacular. Y todo ello acompañado por torbellinos de sales que dan un aspecto fantasmagórico al paisaje.

 

¡¡Claro que hay prisa, que hay que conseguir alojamiento!! Tras dos intento llegamos por fin a un albergue que nos acoge (a saber las negociaciones entre el chofer y los dueños). Cena ayudado por una estufa y un licor de café y coñac comprado en Uyuni, y prepararse para pasar una noche de frío con ropa térmica, saco, mantas y no sé que más. Por la mañana hay que madrugar (4 y media) para poder disfrutar de los géiseres temprano. A esa hora estamos sobre 10 bajo cero, y lo de disfrutar es un decir, yo ni saque la cámara de fotos, y veía a través del frío y el viento las columnas de vapor que se elevaban en las oquedades de la tierra….. Y de allí continuar a la piscina termal donde desayunaríamos. Cuando llegamos había gente bañándose, pero siendo aún de noche, el estar bajo cero no animaba, a pesar de los 28-30 grados del agua. Las mujeres del grupo, siempre más valientes se bañan, mientras los demás nos vamos al calor del comedor deseando desayunar para despegar los ojos y limpiar legañas. Tras un reparador desayuno, y ya con el sol fuera, el calor de los cero grados sabe mejor, y sí es el momento del baño. Después de tres días sin ducha sabe a gloria, aunque el agua se te congele en el pelo.

 

Finalmente desistimos ir a laguna Verde para poder disfrutar con más calma del desayuno y el baño en solitario en las termas, y listos para el largo viaje de regreso hacia Uyuni. Por el camino parada de nuevo en una zona solitaria de Laguna Colorada, almuerzo en algo que llamar pueblo es muy generoso, y el regalo por el camino de masas verdes almohadilladas de las minúsculas apiáceas Llaretas (Azorella compacta) que usan los lugareños secas como combustible, y sobre todo la visión de una pareja de Ñandúes de Darwin (Rhea pennata) la subespecie garleppi que es la que se encuentra por este altiplano. Aún llegando a Uyuni, nos queda una visita al cementerio de trenes, donde se acumulan a modo de chatarra antiguas locomotoras para el transporte de minerales a los puertos chilenos. Un espectáculo fantasmagórico. Y así llegamos de vuelta a Uyuni, donde nos esperan unas horas para pillar un bus que viaje durante toda la noche (10 horas) hasta La Paz. Si es que la vida de turista es muy dura.

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