Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa I (PERU-BOLIVA IV)

 

 

      Salimos del Salar de Uyuni, al sur de Bolivia maravillados con las blancas vistas. ¿Podía haber algo mejor?. Nuestro siguiente objetivo era la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Abaroa, casi ya en los límites con Chile. Pero antes, noche en la localidad de San Juan, donde dormiríamos en lo que llaman “casas familiares”…. a saber que significa eso. Eso significó un albergue con habitaciones y baño, feo por fuera como una autoconstrucción canaria para guardar cabras, pero por dentro muy simpático con ladrillos de sal y suelo blanco. Eso sí, estaba en medio de la nada a unos 500 metros del pueblo. En los que se preparaba la cena nos acercamos, cuando el frío ya empezaba a apuntar, a el sitio arqueológico de Lípez, cultura de la zona donde se encontraban enterramientos a modo de colmenas de barro con restos humanos dentro. Aquello tenía pinta un poco extraña, y eso de ver huesos humanos en oquedades era un poco morboso.

 

            El caso que al día siguiente temprano de nuevo en marcha (prometí no extenderme mucho), y el siguiente destino era la Laguna Hedionda. En este altiplano ya a 4000 metros el frío se nota aunque haya sol por el día, y tras recorrer una llanura de caminos que solo dios y Roberto, el chofer, parecían conocer, llegamos a la primera laguna de este viaje. Laguna Hedionda se llama así por el olor que desprenden las emanaciones de azufre, y pensando íbamos a comer allí no sé si era el mejor sitio, aunque entre el frío y la emoción del espectáculo a los dos minutos ni te acuerdas.

 

            Laguna Hedionda estaba plagada de flamencos y gaviotas andinas. ¡¡Guau!! ¡¡Que espectáculo!! Pensábamos veríamos ejemplares sueltos, que en invierno no abundan, pero allí se encontraban cientos de estas aves en una danza de ir y venir en un paisaje de fondo nevado y aguas donde se mezcla la sal y el agua. Impresionante. A pesar del frío paseo y fotos, para luego almorzar allí mismo la rica comida que nos habían preparado Judith y Roberto.

 

            Salimos luego más al sur, pasando por Laguna Honda y Laguna Chiarkota, y seguir raudo hacia laguna Colorada. Raudo porque una característica de este viaje es que es como la carrera de los autos locos. Todos a partir de un punto a correr en una nube de humo para llegar antes que otros a los albergues de Laguna Colorada, pues éstos se llenan y el que llega tarde se tiene que ir más lejos y buscar alojamiento en el fin del mundo. ¡¡Que estrés!! ¡¡Vamos rápido… casi en cabeza…pillaremos buen sitio!!! Y entonces…. ¡uffff, pinchazo!!. En medio de la nada una rueda reventada hasta quedar inutilizable. Viento tremendo fuera, y allí en medio de ningún sitio Roberto a cambiar la rueda. Otro coche se para a ayudar. Tras esto, ya no hay esperanza llegar pronto. (continuará…)

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