Ciudad de La Paz (PERÚ-BOLIVIA III)

 
 

         Viajar por Perú y Bolivia te da a veces sensación de que no te enteras de nada, y que no sabes porqué ocurren las cosas. Pensábamos era algo que nos pasaba sólo a nosotros hasta que subimos a “la movilidad”, el microbús que en principio nos iba a llevar a la estación para tomar el bus hacia Bolivia desde Puno. – Vamos a recoger a otros dos para ir todos a la estación- nos informó la guía. Poco después subía una pareja joven de norteamericanos con el despiste que provoca el no saber mucho español. Llamadas y conversaciones entre la guía y el chofer, y finalmente cambio de planes. Iríamos en ese transporte hasta la frontera, donde nos esperaría otro que nos llevaría hasta la ciudad de Copacabana donde a su vez sí cogeríamos un bus ya hasta Bolivia… O algo así… Una característica de los lugareños, como creo comenté sobre el hotel de Uyuni, es que no hablan claro, susurran a medias las cosas, y realmente nunca te enteras del todo lo que vas a hacer. Al principio te pone un poco nervioso, pero cuando te acostumbras te relajas y disfrutas. Yo concluí que en realidad ni ellos saben que pasa y como lo van a arreglar, pero el caso es que en todo el viaje se las arreglaban muy bien. A los pobres yankies tuvimos que explicarles lo que íbamos a hacer, no éramos los únicos despistados… y por fin nos pusimos en marcha.

 

Pasar fronteras por estos lares llega a ser hasta divertido. Siempre hay que recorrer un par de cientos de metros a pie con las mochilas, enseñar pasaportes, sellarlos, para al otro lado pillar otro transporte. Te acostumbras, y en contra de lo que dicen del caos y desastre de esos países, la sensación que teníamos es que a pesar de lo complicado del proceso funcionaba bastante bien, y el personal era bastante amable.

 

Cuando llegamos a Copacabana, de nuevo la sensación que no sabes que pasa…y finalmente dejamos las mochilas en una especie de oficina de donde iríamos al bus que saldría un par de horas más tarde, así que teníamos tiempo para comer allí. Copacabana, además de ciudad de donde salen las excursiones a las islas del Titicaca desde el lado Boliviano, y de tener el Santuario de la Virgen de la Candelaria, llama la atención porque parece esas ciudades detenidas en un pasado “flower power”, es decir, un reducto de mochileros, pseudohippies, gentes de todos los países, cafés y restaurantes muy “enrollados” para progres de uñas negras y rastas tras meses de recorrer mundo, sabiendo que al final le espera la cuenta de papá en Alemania o Cincinatti. Con hambre, y sabiendo que aun nos quedaba mucho viaje, nos metimos en una terraza a comer, donde una chica de acento indeterminado, sonriente como si se hubiera fumado hasta las hierbas del camino, nos ofreció su carta de comidas.

 

Para no liarme, digamos que por fin pudimos subir a un bus que supuestamente iba a La Paz (siempre para todo te queda una duda si haces lo correcto), y tras bordear el Titicaca, llegamos un estrecho del lago donde venía la siguiente parte étnica. Resulta que en este paso hay que bajarse del bus, cruzar el lago en transbordadores, mientras el bus pasa en otros ellos solos. ¿Por qué no pasa el bus con la gente dentro? Oficialmente porque es mucho peso. Yo me temo que es porque así se cobra a los turistas el trasbordador. En este caso nos considerábamos privilegiados, porque cuando llegamos a este punto ya nos habían hablado del transbordador, y no pusimos la cara de asombro y despiste de los otros “guiris” a los que tuvimos que explicar porque había que bajarse.

 

     Luego más horas de bus, a lo largo de paisajes preciosos bordeando el lago, y de repente empezamos a entrar en una población. Era grande… así que debía ser La Paz, pero… no era la idea tenía uno de La Paz. Era llana, caótica como cualquier ciudad grande que habíamos visto, pero llana, y nosotros teníamos idea La Paz estaba encajonada entre montañas. Finalmente, tras unos minutos de incertidumbre, el bus tomó una curva y enfiló una avenida que empezó a bajar una pendiente de ladera, y… ¡¡Oh, milagro!! Ante nosotros se presentó un paisaje de cerros poblados que encierran al fondo edificios y rascacielos más típicos de una ciudad que teníamos de imagen como La Paz.

 

Resulta que La Paz se fundó en la primera parte que recorrimos, conocida como El Alto, la parte “menos noble” por estar a 4000 metros de altitud, y luego fue mudada al fondo del Valle, a algo mas de 3000, ya que en el altiplano las zonas más bajas son más valoradas. Y en la postal de La Paz, siempre al fondo aparece el Illimani, pico de cumbres blancas un poco símbolo de la ciudad, con más de 6400 metros de altitud.

 

El bus entra en el centro de La Paz…. ¡¡y tú solo quieres irte de allí y no volver!! Caos de trafico, parado en medio de una rotonda de la que crees jamás vas a moverte, en una ciudad enterrada entre cerros y viviendas de autoconstrucción y donde notas el aire denso y opaco, dicen que en ésta época por las quemas de los agricultores de los alrededores preparando la futura cosecha, y uno se teme que por la contaminación de un tráfico tremendo. No hay hueco entre coche y coche.

 

Bueno, el caso es que llegamos, y no sabemos donde estamos y no vemos a quien nos va a recoger. Menos mal en estos países como he dicho todo tiene solución, y preguntando en un hotel resulta que llama a nuestro guía (se conocen.. y eso es una ciudad de millón y medio) y conseguimos reunirnos para que nos explique nuestro viaje a Uyuni y la Reserva Andina, y lo que es más importante, ir al hotel para poder descansar, ducharse y cenar. Ufffff.

 

Esta etapa de La Paz acaba aquí, y al día siguiente, sin respiro, salimos para el sur del país, pero como después volvemos a La Paz, nosotros seguiremos en la ciudad como si días de trenes, buses, salares de Uyuni y reservas andinas no hubiera tenido lugar. Cosas de la literatura.

 

Así que tras este milagroso salto nos encontramos de nuevo en la capital de Bolivia (con permiso de Sucre), tras  toda una noche de bus desde Uyuni. Llegamos por la mañana maldormidos, y se supone vamos a descansar hasta el mediodía, pero bueno, uno lleva ya el fuego en el cuerpo y algunos salimos a pasear por la ciudad. Convento de San Francisco, catedral, Plaza de Murillo… La sensación que te da La Paz es que no es una ciudad muy pensada en el turismo, que aun vive a su ritmo, y mucho más pobre que Lima o que Perú en general. Poco a poco se le va tomando el ritmo, y te acostumbras al aparente caos de tráfico y gente. Acaba hasta gustándote. Al mediodía vamos al Valle de la Luna, una paisaje original al sur formado por la erosión de las arcillas. Torres, columnas, subir, bajar… una montaña rusa que intentan enseñar al turista que empieza a visitar este país por descubrir si los problemas internos que tiene ahora Evo y su gobierno no acaba truncándolo. También recorremos el barrio de Miraflores, con facultades, campo de fútbol, y una vista de la ciudad desde lo alto; o la calle Jaén, un pobre vestigio de la época colonial en una ciudad en constante transformación. Ahh y se me olvidaba el Mercado de Las Brujas, centro de comercios sobre se reúne lo mejor de remedios curativos y religiosos, donde se mezcla un feto o aborto de llama con ofrendas a la Pachamama o con souvenirs para turistas. La verdad que en estos sitios no sabes cuando hay de realidad y de folclorismo para visitantes, aunque vimos a algún lugareño por allí comprando cosas más o menos disimuladamente.

 

En resumen, y aunque se quedan atrás muchas sensaciones, una ciudad aparentemente caótica, donde se trastocan todas las ideas de las ciudades del mundo (zonas mejores las más bajas, mezcla de pseudolujo y pobreza, etc.) pero que caminando sus calles y recorriéndola acabas pillando el encanto aunque siempre te quede una sensación que algo se te escapa y no acabas de entender del todo…. Tal vez es que no se puede hacer más en un par de días…

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