Salar de Uyuni (PERU-BOLIVIA II)

 

Como uno es como es (hay que aceptarse), soy absolutamente incapaz de llevar un orden y escribir sobre nada de forma ordenada y secuencial. Así que iré relatando experiencias de mis vacaciones según venga el cuerpo y apetezca. Eso sí haré el esfuerzo de ser breve.

 

Dicen que cuando se comienza un relato o una película hay que empezar por algo que enganche, a lo grande, para atraer la atención. Y si hay un momento en el viaje que para mí fue mágico ese fue el Salar de Uyuni, inmenso mar de sal al sur de Bolivia, con más de 12000 km2 (casi dos veces las islas Canarias) y a unos 3650 metros de altura.

 

            Recorrer desde Perú horas de bus, tren, escala en La Paz, para llegar hasta la ciudad de Uyuni, nos hacía pensar que o bien valía la pena u organizábamos una matanza en serie con la gente nos recomendó no perdernos este sitio. En ello insistía sobre todo Vivi.

 

 De esa forma llegamos a Uyuni ya de noche, y despistados tras buscar al contacto por la estación (como siempre al lado pero no nos veíamos) nos trasladamos al hotel a un par de manzanas. Hacía frío, mucho frío. En el hotel eso de calefacción no se usa, y no hay nada como unas mantas (varias) para dormir y acostumbrarnos a lo que nos espera los días siguientes. Que si hay agua caliente… que si no la hay…. que si ducharse por la noche que por la mañana congeladas tuberías…que si mejor por la mañana… no hay forma de entenderse con algunos por allá. Como decía Gregorio: separados por un idioma común. Es una tontería, pero a saber cuando nos duchábamos de nuevo.

 

            Y llega la mañana, donde habíamos quedado para ir a la agencia donde nos organizábamos con el 4×4, la cocinera, los papeles…. Antes un paseo por Uyuni para ver la plaza donde se reúnen los cafés y pizzerías de turistas sucios y mochileros, el reloj de la plaza, la esculturas de hierro, el mercado, la iglesia…. Bonita ciudad comparada como otras que habías visto brevemente por el camino.

 

            Para no enrollarme, digamos que sentados en el coche, con Roberto, el chófer-guía dispuesto, con las mochilas en la baca dispuestas a tragar polvo, judith la cocinera entre Vito y yo, Juan Carlos de copiloto, y las “niñas” en la parte de atrás, salimos rumbo al mar blanco ya al mediodía, listos para tres días de sorpresas y poca ducha. 

 

            Primero, como corresponde, visita a Colchani, pueblo donde trabajan y envasan la sal. Y por supuesto con su mercadillo para intentar que los turistas dejen algo y no se lo lleven todo las agencias. Allí ves los camiones sobre un mar blanco, y muchos montículos listos para ser transportados. Gafas de sol porque tanta luz impresiona. Tras esto la inmensidad. Llanuras blancas y al fondo montañas que a veces parece se reflejan en el suelo. Excitación. Pasamos por el Hotel de Sal que aparece en todas las guías y que ahora es un pseudomuseo, y alucinamos al sentir el 4×4 recorriendo una línea blanca que hace preguntar a uno si sabe hacia donde va. Los tamaños se relativizan y el suelo formando polígonos te hace sentir en un mundo de fantasía.

 

 En media hora se ve algo en el horizonte… parecen islas, sobre todo destaca una. Debe ser lo que creo… Al acercarse se va confirmando. Es la isla de los Pescadores, o del Pescador o Incahuasi (casa del inca), en esa moda de darle a todo un nombre étnico. Impresionante al acercar y ver ese barco en medio de una planicie reflectante. Isla volcánica levantada desde el fondo del mar con los andes, clavada desde los tiempos del antiguo mar “Bollivián” que fue hace miles de años lo que hoy es un salar.

 

            Imposible describir la sensación de estar allí rodeado de cactáceas columnares supuestamente centenarios en medio de una isla rodeada d blanco perfecto. No se parece a nada conocido. Como niños subimos a la cumbre para ver el paisaje alrededor. Jugamos, nos hacemos fotos, vemos arcos de piedra donde quedan los restos pegados de corales fosilizados testigos de la vida sumergida de esas tierras. Caminamos alrededor “circunnavegando” la isla… pura excitación que no es capaz de quitar ni cuando llegan más coches haciendo que al mediodía aquello parezca el metro en hora punta. Una maravilla…. Y nos prometen más emociones… de allí hacia San Juan, a la salida del Salar para pasar la noche y seguir nuestra ruta hacia las lagunas Hedionda, Colorada, Profunda….. nuevas sorpresas…

 

http://es.wikipedia.org/wiki/Salar_de_Uyuni

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