Los Paraguas de Chergurgo

 

Cenando por fuera se habla de todo. Y en la cultura del siglo XXI tarde o temprano se habla de cine. Y tarde o temprano surge una discusión inevitable: cine norteamericano (con perdón de los canadienses) o cine europeo. Hay quien defiende a capa y espada uno y otro, y desprecia por comercial o pretencioso uno u otro.

Me confieso que soy un incondicional del cine americano (se entiende que de USA), bueno, del BUEN cine americano, sobre todo el que tiene un aire clásico. Pasada la etapa de experimentación que supuso el mudo, donde Europa tuvo gran influencia, con la llegada del sonoro quedó claro quien mandaba y quien imponía modas y tendencias. Con personas venidas del viejo continente, sí, pero hechas en el nuevo país.

Más de uno se habrá echado las manos a la cabeza. Apelarán a maestros suecos, franceses, italianos y otros más exóticos. No lo niego. Hay autores que siendo unos de mi agrado y otros no, han marcado una época a pequeña escala o han influido en determinadas personas de una generación (la clase “intelectual” olvida que más que les pese son un corpúsculo minoritario, y lo que la gente quiere ver es una comedia del insufrible de turno Jim Carrey o la de acción de un Nicolas Cage o similar). En fin, que el cine americano, es la faceta cultural más influyente del siglo XX (y en principio parece que lo será del XXI en parte al menos) creando tendencias, modas, formas de pensar o incluso rechazos a esas formas de pensar, de modo planetario.

Y todo este rollo venía por la dicotomía cine americano/cine europeo. Y todo viene por Los paraguas de Cherburgo, que unos defendían como maravilla del cine musical, y otros, ante nuestra ignorancia, tomábamos nota. Así que lo siguiente, fue hacerme con una copia de la citada obra, y disponerme a verla con mente abierta.

¿Y que me encuentro? ¡¡¡Vaya por dios!!!  Que Los Paraguas es un homenaje admirador al cine musical americano clásico, sobre todo Stanley Donen y más sobre todo a Vincent Minelli. Mira por donde. Se nota que Demy ama Un americano en París sobre todas las cosas, pero también se pueden citar Brigadoon, Gigi, y otras. Que Los paraguas no es más que la sublimación del deseo de hacer obras con esa magia. Su gran mérito es no simplemente copiar, sino sublimar esa impresión que se ve le causa esas obras llevándola hasta su catarsis máxima: si los momentos mágicos son cuando cantan, que canten siempre. Si una obra tiene momentos intensos, hagamos un musical intenso todo el tiempo (o eso quisiera).

Por otro lado, la obra me parece una maravilla de dirección artística, con auténticas paletas de colores y estampados que combina a la perfección papel pintado y vestuario, llegado a momentos de confusión entre ambos. Colores saturados que envidiarán y copiarán posteriores como Pedro Almodóvar (que la debe tener entre sus películas de cabecera). Un buen ejercicio de estilo, que sin embargo yo le veo un gran pero: no emociona, se queda en eso, un ejercicio de estilo. Los más apasionados se llevarán la mano a la cabeza diciendo que lloraron a moco tendido con la despedida o la escena final, pero a mí sólo los últimos minutos me llegaron a atrapar.

Sin embargo, muy interesante película, que aunque sea políticamente incorrecto decirlo, será obra emblemática para mucho público gay, tan propenso al exceso, y denostada por muchos otros como simplemente “exasperante”. Para mí, distinta y agradable como un cuadro de Matisse, con quien la he leído compararse, así que sólo me queda decir: gracias Jesús por enseñármela.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en CINE. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s