La Forma del Agua

Desde que vi La Forma del Agua he dejado pasar tiempo para saber realmente que pienso de esta película, y todavía no lo tengo muy claro. Guillermo del Toro es un señor que cae bien y uno tiende a ver benevolente con su obra, aunque no comparta absolutamente nada con Pacific Rim, Hellboy o Blade II más allá que un desagrado visceral, cuestión de gustos. En cambio, alguien que ha hecho El Laberinto del Fauno (2006) ya merece toda una carrera. Y éste es justo el primer escollo para La Forma del Agua: me huele a revisitación de aquella fábula a la imaginación.

Revisitación sí, pero con un diseño de producción que quita el hipo. Ya desde que ves el apartamento de Elisa sabes que todo va a estar rodeado de una magia especial. Luego la música que ha compuesto Alexandre Desplat es capaz de hacer hasta de Torrente una obra poéticamente sublime. Su Oscar es el único que sería un auténtico robo, y se ha añadido otra melodía para el recuerdo cinematográfico.

En conjunto todo, todo, suena a medido y redondo. Las actuaciones están en estado de gracia, y si Sally Hawkins no se lleva la estatuilla dorada es por esa manía que se ha cogido de que Frances McDormand haciendo de Frances MacDormand es más merecedora del premio. Y no es la única. El papel de Richard Jenkins es precioso, y él le añade una humanidad que lo saca de la simple caricatura. Con El Visitante (2007) y ahora su papel de Giles, el artista solitario, me ha ganado como uno de mis actores admirables. El momento en que Giles se mira en el espejo y no comprende como ha llegado a viejo y solo es memorable.

Y es que Guillermo del Toro no se limita a contar un cuento de hadas adulto, que ya es mucho, sino que cada personaje, desde la protagonista hasta el más pequeño tiene su pequeña película dentro de la película. Traza perfecto los personajes, los caricaturiza cuando debe en pos de la fantasía, pero en conjunto nos habla de marginados, distintos, de supuestamente perdedores. Es ahí donde La Forma del Agua, más allá de lo puramente visual, adquiere un nivel superior a la mayoría de las películas que nos llegan habitualmente. La limpiadora huérfana muda, la limpiadora de color con un marido abusador e inútil, el ser diferente usado para la investigación… hasta el malo es un caricatura de lo que se exige a un blanco caucásico como Dios manda y lo que la realidad impone.

Claro que Guillermo del Toro, en contraposición, nos exige que aceptemos sus reglas. Sus salidas de tono que rompen el clima, un guión que no sabes porqué pero hay algo que no cuadra, su salto de misterio a drama y a comedia un tanto bruscamente… Pero si entras en su mundo lo disfrutas como nadie, pues reconoces su pasión en lo que hace y su amor al cine.

Mi mayor problema es que, a pesar de todas estas maravillas, hay algo que me falta. Y es lo que tenía el Laberinto del Fauno. Me cuesta definirlo, pero es una magia que te envuelve, un sentimiento que te queda como un pozo cuando acaba la filmación y te acompaña a partir de ese momento en el recuerdo. Ese algo, que a pesar de su imperfección y los años, hace que siga dejando un hueco especial en nosotros la historia de Ofelia, esa niña de 13 años que se movía entre Faunos y mandrágoras. No sé… el tiempo dirá. Mientras, ¿les he contado esa maravilla que es escuchar toda la banda sonora de Desplat?

Reflexión final: ¿Se está convirtiendo el cine de género, terror o fantasía, en el reducto de la imaginación para contarnos cosas sin escapar a los circuitos minoritarios? Es un camino que hace años lleva el cine de animación. Si lo cuentas con dibujos o con monstruos asusta menos a los que ponen el dinero para las películas. De ahí obras como La Forma del Agua o Déjame Salir. Y es que la censura (de ideas o económica) siempre ha avivado la imaginación.

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Maratón de Brexit

Vamos con una idea. Ya puestos a mezclar buen cine, historia y Brexit, propongo un maratón con estas tres películas:

1.- Empezar por El Instante Más Oscuro (2017). Me gustó más esta película de lo que esperaba (soy poco dado a biopics y menos históricos, donde tanta solemnidad aburre). Pero Gary Oldman como Churchill trasciende el maquillaje para meterse en el personaje y, sobre todo con sus ojos, nos mete en el personaje como no he visto otro actor esta temporada (suyo el oscar, espero). Lo que la crítica odia de Joe Wright es lo que hace de esta peli distinta a otras similares: hay movimientos elegantes de cámara, ritmo en las escenas a compás de la música (maravillosa e ignorada por los premios obra de Dario Marianelli), y algo, por qué no reconocerlo, de cine de “tacitas”. Lo que hecho de menos de la película es tal vez una mayor profundidad al personaje de Kistin Scott Thomas, unas de las actrices más desaprovechadas del cine actual. Bueno, y también me chirría ese viaje improbable del político inglés al metro londinense. Un acto humano que rompe la película y nadie se lo cree. En todo caso, durante los momentos decisivos del político inglés, se hace referencia al desastre de Dunkerque, y a la petición de ayuda a los barcos ingleses. Curiosamente, con anterioridad en esa maravilla que es Expiación (2007), el director Joe Wright ya había filmado una magnífica escena en las playas francesas. Lo cual nos lleva a las dos siguientes.

2.- Dunkerque de Christopher Nolan (2017). Hay que decir su título así, con el director, que se ha convertido en una firma de fábrica. He de reconocer que, de las pelis que he ido viendo hasta ahora de la temporada de premios de los oscars, es la que más me ha gustado. Impresionante su puesta en escena, sus movimientos de cámara, su danza a través de esa playa en Francia y los ojos de Tom Hardy. Tres bloques: tierra, mar y aire que son puro cine. Y en pantalla grande. No le darán los premios por estrenarse muy pronto y por no tener “historias humanas” que tanto gustan en el cine de Hollywood, pero es la peli del año sin duda.

3.- Tal vez Churchill cuando bajó al metro se cruzó con Catrin Cole (Gemma Arterton), antes de ser fichada para Su Mejor Historia (2017), comedia típicamente inglesa rodada por una danesa Lone Scherfig (An Education, 2009). Curiosamente leo que está inspirada en Diana Morgan, guionista de los famosos estudios Earling que escribió muchas historias en los años 40, pero que prácticamente nunca fue reconocida su contribución (como ha sucedido con las mujeres y la historia habitualmente). El cine “inglés” se ha convertido en un género en sí mismo, independientemente de la nacionalidad del director (véase la bonita La Librería de Isabel Coixet).

Simpática comedia que sucede durante la Segunda Guerra Mundial, su acción discurre en un Londres necesitado de subir la moral de su país mediante películas que estimulen el ánimo. Así se buscan historias de gente corriente valiente, historias del rescate de barcos particulares y pesqueros a los soldados abandonados en esa playa de Dunkerque… sean reales o no.

En resumen, un buen programa triple rodado en 2017, casualmente (o no) en el año que está sobre la mesa la salida de Gran Bretaña de Europa, donde se pone en discusión la europeidad de la isla británica y el compromiso en el pasado de sus gentes y políticos. ¡Qué cosas tiene el cine!

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Handia

Cuando vi Handia en octubre, junto con 3 personas más en la sala, enseguida pensé que iba a ser un corredor de fondo. Esas pelis que se estrenan tímidamente y el boca oreja va haciéndolas crecer hasta convertirse en un moderado éxito. Tal vez no estaría en el “Top 1” de cada semana, pero duraría mucho y atraería a bastante público. Luego vi que en mi ciudad duró poco, creo que se reestrenó tímidamente cuando las nominaciones a los Goyas, para desaparecer enseguida de nuevo.

En su momento me pareció, aparte de la calidad, una película que podía tener un público, si no mayoritario, si amplio dentro de aquel que quiere algo más que el  superhéroe de turno. Parece que me equivoqué. Hablas con la gente y parece que ni siquiera habían oído hablar de ella. Paso por el festival de San Sebastián, nominaciones Goyas… y como si se oyera agua correr. Algo no funciona, porque luego algunos te comentan que es una pena que no esté en los cines… que les despierta curiosidad. Yo a veces dudo de si la culpa es de la promoción (inexistente salvo que pague una televisión), o hasta que punto es culpa nuestra, como espectadores, de no mostrar cierta inquietud por descubrir otros mundos. No tan otros, que ya Loreak nos pudo dar una idea de por donde iba la sensibilidad de estos creadores. No sé. Nos hemos vuelto espectadores perezosos.

handia

Menudo rollo me he echado para decir que Handia me parece la mejor película española que he visto el año pasado. Y de las mejores películas del año en general. Con un empaque sorprendente, una gran sensibilidad en la dirección, una dirección artística y fotografía elegante, y una música que llama la atención como para desear escucharla a la salida. Y todo ello de una forma accesible, lo cual no es imprescindible pero condición necesaria si se quiere atraer a un abanico amplio de espectadores (Se puede hacer una película pensando solo en un fin artístico o intelectual, para una minoría).

En fin, todo esto para decir que si no la has visto, hay muchas formas de hacerlo hoy en día (cuento solo las legales), pero también tal vez para llamar la atención a la reflexión para aquella gente que, deseando ver buenas películas, teniéndolas en su localidad (no siempre es posible) y teniendo los medios, no se mueven para apoyar este tipo de cine, y sólo quejarse que en la cartelera solo hay Tom Cruises, superhéroes y demás. Simplemente porque es lo que la gente va a ver, que las salas no son ONGs. Un poco dormidos andamos, será el ajetreo del día a día.  Para el resto, es muy defendible el que cada uno vea lo que quiera, incluso el que no les interese el cine.

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Call me by your name

“Llámame por tu nombre” (misterios de la no traducción de su título en España) es una peli (muy bien rordada, por cierto) donde, durante hora y media, un adolescente que pasa el verano en Italia en la villa de su familia (del siglo XVII o así) y se entretiene transcribiendo música, se enrolla en la última media hora de peli  con un visitante rubio muy mono pero muy intelectual. Los padres ven el lío estupendo y lo promueven. El padre, que cree ser “the only gay in the village”(Little Italy) , tiene que salir del armario al final por si alguien no se ha dado cuenta de un guión tan obvio. Por supuesto, LA escena de sexo, nada más iniciarse, da paso a un movimiento de cámara casto hasta unas ramas de unos árboles agitándose en la ventana. Para escandalizar un poco a lo Carla Duval, juegan en un momento con un melocotón.  No hay drama familiar ni oposición a la pederastia. El visitante al final se va para casarse con una mujer, como debe ser. Todo muy de GQ o de ICON. No hablar de 120 pulsaciones por minuto o de Tierra de Dios, que esas son mariconadas. Pues eso.peach.jpg

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The greatest showman

Siento una gran ambivalencia con esta película. Como amante acérrimo de los musicales de verdad (no pastiches con canciones, que es otra cosa), cualquier intento hoy en día, donde son detestados, es de agradecer. Me tragaba esos ciclos de la tele en la 2, con musicales de los 40 y 50 donde la calidad de guión, credibilidad de personajes y verosimilitud quedaban supeditados al espectáculo, “the greatest show”.

Así que está película no engaña desde su título. Es el tributo a un hombre espectáculo y sería injusto esperar más. Claro que ya no estamos en los años 40 ni yo tengo 15 años. The Greatest Show me chirría en un guión que patina a veces al borde (o no tan borde) de la cursilería, la ingenuidad infantil, y confundir bondad con miradas tontas entre tirabuzones rubios. Por otro lado visualmente es bonita, e intenta dar el espectáculo que promete. Hugh Jackman es el auténtico alma de la película, y sobre todo la primera mitad es una obra al servicio de su lucimiento. Y lo aprovecha. Está muy bien. Su voz que nunca ha sido del todo de mi agrado, siempre intentando dar más dramatismo y subir más notas de las que sería de agradecer, aquí se encuentra relajada y comedida. En general todos están bien, aunque la película no les deje mucho espacio para lucirse, pues todo gira en torno a Barnum, el protagonista. Sin embargo, Zac Efron se esfuerza por encontrar su hueco, y su halo de actor de adolescentes en pelis tontas no le ha hecho bien para reconocérsele la valía de actor que tiene. Peor parada sale Michelle Williams, que se debe conformar con su insufrible rol de esposa abnegada. En todo caso esta peli sirve para comprobar cómo los actores que entran en el círculo de Hollywood es por algo, son los mejores, y están preparados para cualquier esfuerzo que se les exija.

Y volviendo al musical: todo sería perdonable si el espectáculo funcionara. Si las canciones, la puesta en escena y la música brillaran dando ese Greatest Show. Y ahí es donde presento mis dudas. Las canciones, pegadizas, tienen un tufillo a OT. Te presentaron la película como “de los letritas de La La Land”, lo cual confirma que lo grande de aquella era la música. En este caso suenan a apoteosis tras apoteosis de canción de Beyoncé, pero bueno, tampoco son molestas. Las coreografías por otro lado parecen hechas por el coreógrafo de Glee o algún espectáculo de televisión para una gran gala. Sin embargo, éstas no pueden disfrutarse por esa manía del cine actual de cambiar a mil planos en tres segundos, lo cual no nos deja ver moverse a los bailarines y actores (y eso que en este caso se ve que son muy buenos, pero lo harían por ahorrar tiempos de ensayos). Era lo que, por ejemplo, me gustaba de La La Land: el protagonista en los números no era el montaje, eran los actores, y la cámara se limitaba a seguirlos y dejarlos emocionarnos lo hicieran mejor o peor.

Resumiendo: un espectáculo que no da todo lo que promete, pero si te gustan los musicales como a mí, querrás ir a verlo aunque no sea nada especial, lo importante es que se sigan haciendo. Y Jackman está tan sorprendentemente comedido (como actor su tendencia al histrionismo solo lo suple con su mera presencia), que al final no tienes sentido de pérdida de tiempo, sino pérdida de lo que pudo ser y no es. Y no entro en la comparación del personaje con el real en el que se basa, ya que un musical no debe ser una fiel biografía, que si no desde luego que no hay magia. En fin, Show must go on.

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Star Wars: Los últimos Jedi (Sin spoiler)

Poco he de decir. La red está llena de páginas y páginas de críticas, comentarios, debates. Solo comentar que tras mi visión tuve la sensación de que eran dos innecesarias horas y media de condensadores de fluzo tras condensadores de fluzo. ¿Para lo que cuenta hacía falta tanto tiempo? Tengo un problema con las segundas partes de las trilogías, lo confieso. Más que una peli, que es lo que me gusta, asisto a un capítulo intermedio de una serie muy larga. Así que no hay estructura dramática, tienes la sensación que no se avanza a la resolución de nada, y a veces, como este caso, no es más que un intermedio para hacer más caja. Por otro lado roza peligrosamente el límite de personajes y animalitos infantiloides de objetivo el merchandising . Pero bueno, entretiene y vista, sin ganas de repetir, que es mi baremo para saber si una película me entusiasma o no. A ver si la tercera se lo curra más, pero empiezo a sufrir el efecto del cansancio de tanto estreno histórico, por mucho que naciera y creciera con los personajes de una galaxia muy, muy lejana. Y es que Disney es capaz de saturar a cualquiera. Nota: Estoy llegando a un punto en el que el único que empieza a caerme bien es Kylo Ren, y lo entiendo cada día más. Yo también quisiera eliminar al pasado.

Objetivo a la vista

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Mis películas del 2017 (Actualización I)

Cuando llega esta época del año, nos gusta, a los seguidores del cine, hacer balance de lo visto y qué nos ha gustado y que no. No es ni lo mejor ni lo peor, son gustos personales, muchas veces por entretenimiento pero otras por ver en ellas algo innovador o creativo, siempre como espectador. Muchas pelis las cito como un horror o una pesadilla, normalmente por desear que acabara o por pensarme salir de la sala. Seguramente las hay peores, pero, o por suerte no fui a verlas, o eran tan insípidas que las he olvidado. Y no hemos de olvidar que son estrenos en el año en mi ciudad, igual alguna se me coló porque su estreno oficial fue antes o a final de 2016 (como Comanchería).

Lo siento por los que van de alternativos o por los amantes de superhéroes, pero sin duda ha sido mi año La La Land. Película amada/odiada, pero el hecho que no deje indiferente es que algo hicieron bien. Un canto de amor al cine, al musical, y con actores de química indiscutible. Destaco también Blade Runner 2049. Buena sorpresa, y no entiendo a los que esperaban un blockbuster: es que no vieron o no recordaban la anterior. En españolas, sin duda, es el año de Handia, con una parte media un poco irregular, pero preciosa. En resumen, entre las mejores:

La La Land

Blade Runner 2049

El Viajante

Lumière

Handia

Moonlight

Dunkerque

La vida de Calabacín

Your Name

Comanchería

The Bookshop

Déjame salir 

Tierra de Dios

Nota: He añadido dos películas a lo mejor del año: Déjame salir que se me había escapado (maldita publicidad de “una de terror más”) y Tierra de Dios, recién estrenada y, simplemente, una delicia 

 

Luego está la lista de las que llamo “curiosas” por varias razones: irregulares, entretenidas, simpáticas, pecados confesables, pero en todo caso buen rato. Me vienen a la cabeza por distintos motivos:

Su mejor historia

Figuras ocultas

Colossal

El último virrey de la India

Una cita en el parque

La reina Victoria y Abdul

Una verdad muy incómoda

La gran enfermedad del amor

Una mujer fantástica

Aliados

Siempre quedan pendientes, claro. Pero como todo no se puede ni quiero verlo, tengo en mente próximamente ver Loving, Cantábrico, Verano 1993…

Por último las decepciones, las ni fú ni fá o aquellas que esperaba más: La tortuga roja, Lion, Ghost in the shell, Guardianes de la galaxia 2, Detroit…

Y mis pesadilla en sala oscura (que tortura): Toni Erdmann, Manchester frente al mar, Un italiano en Noruega…

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