Paraísos Perdidos

Buscar en el batiburrillo de basurilla de Netflix a veces es desesperante. Entre “películas y series originales” infumables y las de relleno, cuesta encontrar algo digno de ser visionado si no eres un moderno ansioso de acumular la última petardada y la última aparición de esa estrella en declive rescatada a bajo coste. Por eso está bien recibir recomendaciones “personalizadas”. El mensaje de mi amigo era claro: la he visto y me he acordado de ti. El cóctel se vendía como drags, polis, y canción melódica brasileña. Y teniendo en cuenta que tenía que mantenerme despierto para salir más tarde, pues me dispuse a hacer caso a la recomendación, listo, eso sí, a huir al primer indicio de “original de Netflix”. Pero no, era sólo aprovecharse para comprar un producto que sin ellos no hubiera visto ni el tato. La historia está bien, aunque un guion muy liado que al final no llegas a comprender del todo. Unos actores estupendos que cantan, sufren, actúan, se transforman. Una fotografía que es de lo mejor, colores vivos para el espectáculo, sombras y pardos para la vida real. Y sobre todo, la gran protagonista de la función, la música. Clásicos melódicos brasileños, poco conocidos para mí y supongo que para muchos en estos lares. Digamos “estilo Roberto Carlos”, o sea, música melódica en postugués de los 70s y 80s. Unas joyas, y además interpretadas en el escenario de ese local que da título a la película y a la historia de perdedores y secretos que hay detrás: “Paraíso Perdido”.

Si tienes ocasión y quieres algo más que su catálogo de estrellas muertas, amigas de juerga, o gays divertidos, búscala e intenta entrar en su atmósfera, sin juzgar demasiado el guion o la realización. Y a falta de su banda sonora, hay recopilaciones de los éxitos originales. Para ejemplo la que cierra la historia, Todo sujo de batom de Belchior.

Lista de reproducción de las canciones originales de la película:

Paraiso Perdido Trilha Sonora

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¿Hakuna Matata?

¿Para qué querría alguien ir a ver al cine un documental de la 2 pero recreado digitalmente? ¿Para qué iría uno si la historia ya te la contaron prácticamente igual y, aunque hace ya 25 añacos, te han estado machacando con ella todo este tiempo?¿Para qué quieres ir a ver esa peli si en los teatros tienes las mismas canciones e historia por el que ha pasado ya todo el que tenía un mínimo de interés?.

Si te pusieran a unos animales hablando y cantando, muy bien recreados, eso sí, pero sin asomo de expresividad, contándote una historia de pasiones, muertes, exilios, dramas y crecimiento personal, ¿no querrías que sus caras expresaran esas pasiones, dramas, enfado, rabia, miedo, alegría o sorpresa?.

Si vieras a Simba exultante contando a toda la sabana que él va a ser un rey león, ¿no querrías ver a Simba exultante cantando a toda la sabana que él va a ser un rey león?

Si te pusieran una música épica y emocionante donde te cuentan el ciclo de la vida, ¿no querrías un ambiente que reflejara emoción y unos animales emocionados?

Si a estas alturas se entona el Can you feel the love tonight?, ¿no querrías ver sentimiento y amor en pantalla?

Si llevas esperando por Timón y Pumba media película, ¿no querrías que fueran tan divertidamente expresivos y locos como en la película original?

Si cuando empieza Hakuna Matata, ¿no deberían darte ganas de levantarte de la silla y bailar y cantar con esos dos locos de suricato y facóquero?

SI cuando pasa todo en pantalla, canciones, drama, muerte, emoción, alegría, fiesta… y solo ves unos bichos moviéndose, ¿no sientes que te han estafado?

Si cuando escuchas los diálogos de los personajes parecen que salen de una voz en off por alguna esquina de la pantalla, mientras que en el cuadrado iluminado solo ves esto:

¿no sientes que estás viendo una peli de Kristen Stewart?

¿Pagarías solo por un alarde de técnica digital, maravillosa, por cierto, pero sin que tenga nada que ver ni con la historia ni con lo que te están contando?

Si por el camino has perdido a Simba para tener… pues la cara fija de un león que mueve tímidamente la boca, ¿no echarías de menos el dibujo tradicional?

Pues va a ser que sí, porque está siendo un éxito. Y en la industria del cine es lo importante.

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Dolor y Gloria

Finalmente, sin moverme de casa, me he decidido a ver Dolor y Gloria. He de reconocer que no estoy en las hordas de modernos que corren al cine a ver la última película de Almodóvar, que ya hace tiempo que me resulta reiterativo e impostado. Pero para todo hay gustos, y me alegro de cada éxito suyo, pues es muy necesario para el cine patrio, y sobre todo porque con ese dinero financia inteligentemente otras películas muy apreciables (y fuera de las comedias televisivas).

En general, para resumir coincido con Boyero en su análisis en el momento de su estreno: “tiene algunos momentos que me parecen hermosos, pero el calvario interno del tal Salvador Mallo, que así se llama el personaje, me resulta bastante indiferente”. Y cuando el drama de protagonista te deja frío, y te resulta todo muy teatral, poco hay donde rascar.

Y ese es el principal problema. Todo tiene tufillo a melodrama de culebrón. El sufrimiento de los personajes, sobre todo el interpretado por Antonio Banderas, huele a un Televisa pasado por las tablas de un teatro. Y cuando algo no me resulta realista (que no real), pues no puedo indentificarme.

En todo caso, su producción de lujo me parece estupenda. Esa escenografía y decorados, ese vestuario, esa fotografía maravillosa que me cautivó por encima de todo haciéndome vivir un 3D que me metía más en la peli que la propia historia. O sea, todo lo que caracteriza a Almodóvar pero con más clase, más estilo, más comedido y con menos excesos que nunca. Lo cual es mucho, y probablemente haga de ésta su mejor película desde Mujeres.

Añadir unos actores estupendos. Banderas, que siempre me ha parecido un actor discutible, está muy bien. Y algo increíble en el cine español: se les entiende y vocalizan. Aunque quien me sorprendió fue Penélope Cruz. Necesita directores como Almodóvar que saquen lo mejor de ella. Nunca la he visto tan bien, tal vez porque pasa desapercibida y controla su histrionismo. Por una vez no hace de racial chillona.

Pero me gusta el cine. No teatro filmado, ni monólogos en pantalla. Hitchcock pondría muchos peros, tal vez diría que lo que no se pueda reflejar con imágenes tal vez no debería ser contado. E igual llegara a empatizar con ese alma torturada, ese remake de 8 y medio patrio.

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Aladdin (2019)

No iba a escribir nada de esta aburrida y rutinaria película de Disney, pero me ha asombrado el éxito de taquilla…. o no (una entrada de niño implica al menos otra de adulto, de ahí el éxito de cada bodrio que sacan dirigido a este público). También me ha asombrado como con ese material de partida se puede hacer algo tan ridículo.

En primer lugar he de confesar que no he visto la película. Es decir, no la obra original, porque en mi ciudad no tenía oportunidad de verla ya en V.O., y por mucho que digan, las canciones Disney traducidas suenan como si tocara una sonata de Mozart un mono araña. Lo cual ya predispone un poco en contra. Las canciones suenan forzadas, las letras con calzador en la música, sin ritmo, y las voces como salida de la garganta de otras personas (algo así como cuando vemos a los orondos y ancianos cantantes de ópera hacer de bellas jóvenes japonesas o apuestos soldados ingleses).

Pero independientemente de ello, es que la peli es un horror. Llega un momento donde empiezo a aburrirme y sentir vergüenza ajena. Los protagonistas (con aspecto más indio que árabe) tienen menos química que Hayden Christensen y Natalie Portman en aquella galaxia muy muy lejana. Sobre todo él, queda lejos de la magia que debería tener la plasmación real del Alí dibujado en aquel lejano siglo XX.  Menos mal que surge el genio (muy tarde) para animar un poco. Porque siendo Will Smith un actor que siempre me ha cargado, es gracias a él que aquello coge un poco de ritmo, aunque sigo echando de menos a Robin Williams.

Echando de menos

Cuando todo parece que ya no puede ir a peor surge la necesidad de plasmar un empoderamiento de la Jasmine en forma de a) ridícula canción a lo Frozen, carne desde YA de casting de programas de Factor X u Operación Triunfo (no sé si es culpa de echar de menos a Ashman o es que Menken no estaba inspirado); y b) resolución final con “Sultana” (jódete spoiler) metido con calzador en una sociedad (la árabe en general y sobre todo Arabia Saudí) donde el abuso a la mujer no está como para bromear con el tema.

En fin, un despropósito que hace que la sosa Dumbo parezca una obra maestra, y donde vemos la cuesta abajo de las pelis de acción real de clásicos Disney, donde empezó con la notable El libro de a Selva, para acabar en esto… No quiero ni saber que han hecho con El Rey León (obvio las Maléficas porque mejor ni pensarlo).

Por cierto, que lío tiene montado Hollywood entre Arabia y Bollywood, porque a veces dudo donde está localizada la historia. Y no pierdo tiempo ni en revisar que he escrito de corrido, ni la ortografía, pero uds disculpen que no me entretenga más.

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Rocketman

Que Bohemian Rhapsody tuviera tanto éxito tuvo dos ventajas: por un lado pasarlo bien con un karaoke de Queen, y por otra que se diera confianza a ir más allá en el biopic de Elton John. En vez de hacer la típica historia plana de todos los biopics, se lanzaron a hacer un musical más imaginativo que la película que le valió el oscar a Malek. No reniego del entretenimiento en plan telefilm buenrollito de Bohemian, sobre todo por esos fantásticos veinte minutos finales, pero desde luego la película con Taron Ergenton le da mil vueltas cinematográficamente hablando. Es un estupendo musical, donde las canciones se integran en la historia y desde luego dentro de poco veremos una gira llamada “Rocketman, El Musical” en los escenarios de todo el mundo (si no existe ya). Ergenton, que canta las canciones él mismo, está fantástico, no intenta ser un camaleón como fue Malick con tanto éxito en relación a Freddie Mercury, sino que reinterpreta al personaje dándole otra dimensión. Tal vez a modo de una “fantasía Elton John”. Una película así solo ha sido posible gracias al éxito de la predecesora, pero sin duda supondrá un handicap al ir el público buscando lo mismo que le dio aquella, en la que todos cantábamos Radio Gaga al unísono por lo bajini con las luces apagadas de la sala. En definitiva no tendrá la misma recaudación ni los mismos premios; tal vez no provoque tanta emoción ni sientas que todo el metraje es igual de hipnótico; pero desde

luego es mucho mejor película y mucho, mucho más valiente, a pesar de ciertos momentos blandos y un final con explicaciones cursis y moralizantes ,tal vez imposición para blanquear la imagen de su majestad la Reina.

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Casi imposible

Hoy en día es prácticamente Casi Imposible que una comedia romántica llegue a los cines y salga airosa por varias razones. La principal es que el cine hoy se divide en superhéroes y películas independientes raras e infumables. Otra razón es que tanto bodrio  en los últimos años ha llevado al género a su agonizante desaparición. Desde lo peor de Jennifer Aniston, que acabó hundiendo el género, hasta otras estrellas  que lo intentaron pero fracasaron (Katherine Heigl, Kate Hudson), el género acabó cayendo en el olvido, o lo que es peor, en la parodia. Hay que reconocer que la culpa no fue todo de las actrices, sino que los malos guiones y peores directores no ayudaron mucho. Desde La boda de mi mejor amigo o Algo pasa con Mary, poca cosa que contar. Tal vez la maravillosa (500) días juntos, pero el siglo XXI había dado ya por muerto al género.

Así que siempre es bienvenido un intento quijotesco de revivir la historia de chica-conoce-chico-pero-es-imposible-pero-se-puede-con-ayuda-de-amigos-frikis. Aunque claro, vivimos en los tiempos de #metoo y ellas no pueden ser solo floreros ni ellos caballeros andantes.

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Casi Imposible es un poco el resultado de su tiempo. Ella es tanto o más importante que él en la trama. Él no la rescata, y además, debe ser tan malhablada como cualquier hombre. Eso sí, sin perder su glamour hollywoodiense.

Pero bueno, para no enrollarnos: que la peli está bien. Es comedia. Te ríes que es el objetivo. Pero lo principal, por lo que funciona, es por la química innegable, y por otra parte en principio inimaginable entre Chalize Theron y Seth Rogen. Ellos llevan el paso y crean momentos estupendos sólo con sus miradas, sus diálogos y su complicidad.

Por el lado negativo es increíble como,  una película que en ocasiones roza el slapstick puede resultar falta de ritmo y lenta. O falla el guión o falla el director. En todo caso es de agradecer, que mientras que otras pelis de su género sufren un grave bajón en el último tercio, fruto del drama, aquí el tono de comedia se mantiene a lo largo de todo el metraje.

En resumen, que el intento de pasar las comedias de Kate Hepburn (La mujer del año, La Costilla de Adán) por el filtro de los hermanos Farelly resulta a medias, y se salva gracias a los maravillosos actores (muy bien secundados, todo hay que decirlo). Un buen intento, no aburre, sales con una sonrisa, pero consciente que en otras manos hubiera sido otra La Fiera de mi niña. No siempre se da en la diana.

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Identidad borrada (Boy Erased)

Aunque el tema era interesante no esperaba la buena película que es. En la temporada de premios pasó desapercibida, aunque había sonado previamente, porque a Hollywood le dió este año porque habia que meter minorias raciales por todos lados aunque las películas fueran truños como Blackphanter. Un tratamiento un poco convencional, pero ni abusa de flashbacks ni pretende hacer virtuosismos con la cámara. Deja el trabajo a los actores que están estupendos, sobre todo Lucas Hedges, aunque cumplen muy bien tanto Nicole Kidman como Russell Crowe. Incluso el director Joel Edgerton está bien en su papel de villano. Tal vez el tono demasiado comprensivo con las posturas imperdonables es lo único que me echa para atrás, pues justificando las ideas injustificables, y vistiendo la homofobia de la Iglesia como moral distinta no se hace sino darle alas a elementos como Obispos de Alcalá y sus secuaces. Muy de moda el tema en España, sirve para reflexionar el daño que se le hace a muchos jóvenes y no tan jóvenes con la manía de que los otros vivan como uno quiere. Aunque la Iglesia no es sino una justificación, una forma de presión para los que a falta de inteligencia intentan mantener el poder por medios coactivos, películas como Identidad Borrada son cada vez más necesarias para los complacientes que sonríen ante noticias de abusos por parte de las iglesias como una travesura de curillas inocentes.

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